Presentarle a los hijos una pareja nueva

Una separación no se termina con el anuncio a los hijos; hay que dejarlos elaborar el duelo por lo perdido y brindarles seguridad mientras se adaptan a la nueva situación.

Consciente o inconscientemente, los hijos siempre buscan la reconciliación de sus padres y cualquier persona que aparezca en la vida de estos será una amenaza y a la vez un/a rival.
Cuando los padres logran rehacer su vida con una nueva pareja, los hijos son los más desconcertados. Si se muestran molestos, e incluso agresivos, es porque en el fondo lo que tienen es un miedo profundo a quedarse sin un lugar en el corazón de sus padres. Por otra parte, los hijos suelen sentir problemas de lealtad hacia el otro padre y esto puede incidir en la relación con la nueva pareja.

Es preferible no forzar el vínculo, sino dejar que poco a poco lo acepten. Hay que respetar sus tiempos, no imponiéndoles la presencia a toda hora. Es fundamental que el padre que tenga la nueva pareja, aclare al hijo que esta persona no viene a reemplazar a nadie. Por otra parte, la relación entre la nueva pareja y los hijos de la otra parte puede parecer un éxito al principio, ya que el adulto va a sacar su mejor cara, luciendo simpático, cariñoso y hasta divertido. Sin embargo, según se va formalizando la relación, sale la verdadera personalidad, junto con sus costumbres, problemas y parientes, entre los que puede haber otros hijos. Por lo tanto, es preferible ser auténticos de entrada, evitando así crear falsas expectativas.

¿Cómo tiene que enterarse el niño de que el papá o la mamá tienen una nueva pareja?
Primero que nada el niño debe enterarse por los padres y, además, tiene que enterarse en el tiempo justo. Ese es uno de los errores más frecuentes de los padres, o por lo menos así lo vemos en el consultorio. Cuando las parejas se separan, ya vienen procesando la crisis de mucho tiempo atrás. Pero muchas veces, los hijos no son conscientes de ese proceso previo a la separación. Otras veces sí, depende de cómo hayan sucedido las cosas en esa familia. Pero cuando no lo esperan, y los papás se separan, reciben la noticia, se produce un shock y un reacomodo de las cosas que se debe hacer en esa etapa. Después empieza un período de duelo por lo que se perdió. Ese período es imprescindible, necesario y normal. En ese período los niños están tristes y es normal que hagan muchas preguntas. Los niños van a necesitar mucho tiempo para encontrar un nuevo equilibrio. Por lo general, lo logran si las cosas se hacen bien. Pero eso lleva tiempo, es un proceso que no se puede apurar. Los profesionales muchas veces apreciamos que el proceso de los niños viene en una etapa distinta al proceso de los padres. Cuando los padres se separan, para ellos es un paso que es consecuencia de una crisis importante que venían padeciendo. Muchos padres ya tienen una nueva pareja cuando deciden separarse o la encuentran muy pronto y enseguida se la presentan a los niños. Eso es irrumpir un proceso. Los niños no estaban prontos todavía para aceptar o entender una nueva pareja de los padres.

¿Qué deben hacer los padres si el niño no se muestra preparado?
Primero que nada no apurarse y respetar los tiempos. A veces podemos observar que los papás o las mamás, con el entusiasmo lógico de estar en una nueva relación y de sentirse enamorados nuevamente, quieren compartirlo y quieren hacer vida de familia. Pero hay que ser cautos, no apurarse. Por más que una pareja parezca brillar, el incorporar los hijos a esa relación implica un grado de seguridad importante, del lado de los adultos. Implica un mayor grado de compromiso y estar lo más razonablemente seguros posible de la pareja nueva.

¿Qué pasa cuando la expareja no acepta la nueva pareja? ¿Cómo se puede ayudar a los niños?
Los adultos tienen el control de esto. Si no pueden tener un buen matrimonio deben hacer lo posible para tener una buena separación. Lo más sabio es separarse antes de odiarse o antes de que alguien se sienta muy malherido con la separación. Hay maneras y maneras de separarse. No es una buena manera separarse porque aparece un tercero. Esas son cosas que, evidentemente, después son muy difíciles de remontar. Una buena separación, un buen divorcio, tiene que permitir que prevalezca el respeto por el otro. Cuando las cosas se hacen de esa manera, es menos probable que el otro papá se ponga en contra. Siempre se podrá tener algún tipo de resquemor. Muchas veces cuesta un poco procesarlo, pero cuando las cosas se han tratado con respeto, todo marcha mejor. Y si no es así, debemos pedirle por favor a los adultos que no soportan que su expareja tenga un novio, que se traten. Todo eso es muy dañino para los niños, pero además, es muy dañino para ellos mismos. La vida es muy linda para ser vivida y no quedar atados, o envenenados con algo que uno puede superar.
Cuando se trata de niños pequeños, se crea una competencia natural con la nueva pareja, quien piensa tener más derecho sobre sus padres que el nuevo amor. Entonces comienzan a probar su amor, a ver quién es verdaderamente más importante para ella o él.
Si los hijos ya son adolescentes, una buena actitud a tomar puede ser decirle: "Algún día tú también vas a formar pareja con alguien que te quiera y no me parece justo que en ese momento tengas que estar pendiente y hacerme compañía", evitando así el riesgo de pasar factura más adelante ("toda una vida dedicada/o a ustedes").


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