La infertilidad en la pareja

Las vivencias que nos sitúan en el fracaso, son múltiples y altamente subjetivas, pero en la actualidad, el tema de la infertilidad en la pareja es muy frecuente.

Nos encontramos en el mes de diciembre, final del año que nos remite al balance de logros, metas a cumplirse y situaciones no resueltas. Más allá de la cosmovisión cristiana, estás fiestas nos sensibilizan particularmente, y hace más duro llevar aquellas situaciones que conllevan frustración, dolor y bronca.

Las vivencias que nos sitúan en el fracaso, son múltiples y altamente subjetivas, pero en la actualidad, el tema de la infertilidad en la pareja es muy frecuente.

La propuesta es como sobrellevar esta situación, para eso debemos recordar que cuando una pareja se forma posee tres proyectos; el de los integrantes, que procurarán su desarrollo espiritual, intelectual, laboral e incluso económico que los conduzcan a la felicidad, y un tercero, que es el proyecto en común.

En la mayoría de los casos el proyecto en común incluye la conformación de un grupo familiar con hijos, es una de las proyecciones, pero no debería de ser la única y este es el punto fundamental para rescatar a la pareja.

Cabe destacar que las parejas que están atravesando esta problemática las podríamos dividir en tres grupos:

- con reciente diagnóstico de infertilidad.

- las que ya se encuentran en tratamiento de fertilidad

- aquellas que habiendo atravesado todas las propuestas científicas, concluyen en el fracaso de la terapéutica.

Para el primer grupo se abre un nuevo tiempo de búsqueda, la esperanza y la confianza deberían ser los signos que orienten este periodo, de mutuo acuerdo procurarán la ayuda médica que les ofrezca las mayores garantías, intentando que sea un acto de intimidad, para evitar la multiplicidad de consejos, que aunque bien intencionados, pueden desestabilizar la pareja en esta nueva realidad.

En los últimos tiempos se han realizado estudios para evaluar el impacto psicológico que tiene en la pareja el diagnóstico de infertilidad[1], se describe como una crisis vital, de origen multifactorial, que genera enorme desgaste emocional por su carácter cíclico, esto es, se repite una y otra vez la vivencia de esperanza (al inicio del ciclo) y fracaso (cuando llega la menstruación). No debemos limitar la vida de pareja a este fenómeno cíclico, la vida continua, desde todas las actividades que siempre nos nutrieron e hicieron felices; mantener la alegría de estar en pareja y vivos, es la clave.

El segundo grupo vive la experiencia de la invasión de su privacidad sexual, con exámenes y controles tediosos que alteran la rutina; el sometimiento a procedimientos quirúrgicos dolorosos y el costo económico del tratamiento. La incertidumbre temporal de todo esto, incidirá aun más en la psique de los actores.

Hoy día, desde las instituciones médicas se aporta el recurso psicológico como elemento de rutina durante el tratamiento y esto es fundamental, ya que estas parejas pueden estar sujetas a alteraciones de su sexualidad, tales como:

-disfunción del deseo, expresado especialmente en una disminución de la frecuencia de las relaciones sexuales, sujetándolas a los periodos correspondientes a la ovulación.

- disfunción de la fase de excitación, en el varón incluye déficit eréctil, eyaculación precoz y en la mujer falta de lubricación vaginal y/o evitación de las relaciones sexuales.

Para poder realizar la prevención psicológica adecuada se deben considerar los siguientes factores:

a) Efecto de la crisis vital. La imposibilidad de procrear hace que el hombre se sienta menos viril y la mujer, menos femenina.

b) Efecto de los métodos de diagnóstico. El sexo cambia de significado, lo que antes se hacía por placer, ahora se convierte en un trabajo.

c) Efecto del procedimiento terapéutico y de las técnicas de búsqueda de embarazo. Esto hace que la sexualidad comience a ser pautada por los periodos de fertilidad, desluciendo el desenvolvimiento sexual de las personas.

Por lo tanto, el desafío terapéutico es revertir lo antes expuesto, recuperando los elementos perdidos, como la espontaneidad, el deseo y la práctica sexual como un intercambio amoroso, que nos rectifica en el amor, más allá de la probable concepción.

Para ello las instancias con el psicólogo deben ser focales y a corto plazo, debiéndose trabajar con la pareja en conjunto evaluando los recursos con los que cuentan, en términos de comunicación, recursos adaptativos y redes de apoyo.

También es recomendable el trabajo en grupo, esto es, generar una red de apoyo por parejas que estén siendo asistidas por tratamiento de infertilidad.

Es fundamental trabajar la posibilidad de que el procedimiento no resulte, de esta forma llegamos al tercer grupo, es decir, las parejas donde la paternidad no es viable.

Los médicos indicarán cuando detener el tratamiento de reproducción asistida, ya sea porque se han agotado todas las opciones, al igual que los recursos físicos, emocionales y económicos, o cuando se hayan afectado áreas de la pareja que dañan su calidad de vida.

La estrategia del psicólogo para ayudar a la pareja consiste básicamente en establecer un punto final en relación al tratamiento, mejorar la comunicación de la pareja y evaluar otras alternativas, tales como, iniciar un proceso de adopción, o constituir una familia sin hijos.

De esta forma, al final del tratamiento, vamos a encontrar un principio, sea cual sea la decisión, ya que la pareja estará fortalecida, a través de la terapia y la experiencia vivida.

Los hijos adoptivos, los ahijados, los sobrinos, en definitiva, los hijos de la vida o del corazón, serán los receptores del amor y el ejemplo que estás parejas testimoniarán en vidas plenas y llenas de realizaciones, ya que en la vida hay mucho por realizar.


Por la Psicóloga Olga Ma. Sienra.



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