Entre la mamá y el jardín

El período de adaptación es, precisamente, el tiempo que se les brinda a los dos para que puedan ir acomodándose a este cambio...

La vida del niño transcurre los primeros años, generalmente, bajo la atenta mirada de mamá. Al abrigo de los peligros, él descubre, aprende, inventa, crece, crea y se desarrolla cerca de su regazo. Está tranquilo: ante cualquier dificultad, dolor, temor, sabe que mamá correrá en su ayuda. Ese referente seguro y siempre atento.

El bebé deja de serlo, se hace grande, debe abrirse al mundo, conocer a otras personas, independizarse y expandir sus ámbitos de acción. Llegó la hora. El jardín de infantes lo espera.

¡Cuántos sentimientos encontrados! Y no sólo para el niño, también para sus papás. Por una parte, la idea del despegue es deseada. Por otra resulta muy triste y dolorosa.

Ese desprendimiento supone para el niño y su madre (especialmente) un arduo trabajo. Les llevará cierto tiempo para que ambos logren aceptar y comprender el beneficio que esta separación les representa. Es que separarse y despedirse... también es un aprendizaje.

El período de adaptación es, precisamente, el tiempo que se les brinda a los dos para que puedan ir acomodándose a este cambio.

Durante este proceso pueden producirse reacciones diversas: que el niño llore y se aferre a su mamá, que se niegue a estar en la escuela, ¡o que entre sin ningún problema! Pero puede que sea la mamá quien no quiera dejarlo y ponga excusas para estar un ratito más, y hasta quizás se angustie y lagrimee al despedirlo, etc.

Para evitar una situación que de por sí es crítica, es conveniente tratar de facilitarse (a ambos) las cosas.

Cuando mamá está convencida de que su hijo está bien en la escuela, será cuidado y atendido, no hay nada que temer. Si ella confía en los adultos del jardín, su hijo también lo hará. En cambio si se siente temerosa, es más probable que el pequeño se sienta desprotegido e inseguro.

Una de las cosas que más asusta del jardín de infantes es el hecho de estar con otras personas y lejos de mamá. Para ahuyentar esos miedos es necesario que se le hable acerca del jardín.

Los adultos siempre damos todo por supuesto cuando para los niños siempre todo es nuevo. Será de gran ayuda contarle porqué y para qué va, qué cosas interesantes y nuevas va a hacer. También lo tranquilizará saber qué cosas hará mamá durante el tiempo que él esté en el jardín.

No está de más insistir en lo que siempre digo: la palabra calma..

Entender cómo son las cosas aleja los fantasmas que uno se inventa cuando desconoce acerca de eso.

Algo importante a tener en cuenta: llegar a tiempo a retirar al niño de la escuela. Un retraso de cinco minutos puede significar para el pequeño un monto innecesario de angustia. Habrá que ajustar horarios. Y si un retraso es posible, se lo debe anticipar al niño (y a la escuela) explicándole quién estará con él durante ese lapso.

Toda despedida nos despierta tristeza. No importa el tiempo que nos separemos.

Despedirse de mamá no es sencillo, pero facilitarle al niño la tarea ,es un buen camino que lo conducirá a su progresiva autonomía.


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