De la obediencia ciega a la obediencia inteligente

No se trata de establecer reglas, sino de hacer entender el porqué

La obediencia es una característica que está algo sobrevalorada en la educación de los niños. A veces en el imaginario de los padres está esa idea de que una familia normal se trata de aquella donde un padre o una madre dice "a comer" y van todos a la mesa; una familia donde los niños hacen todo lo que los adultos quieren, porque éstos son los padres, son la autoridad y se debe obedecer.

Por otra parte, la desobediencia es uno de los asuntos que más irrita a los padres y que provoca continuos castigos en la crianza de los hijos. Es un tema muy delicado, pero a la vez cotidiano. El "tire y afloje" es cosa de todos los días.

De todas formas, criar hijos ciegamente obedientes a la autoridad es peligrosísimo. Hoy la autoridad puede estar representada por los padres, la maestra, el abuelo. Pero mañana puede ser cualquiera: el líder del grupo de pares, un líder de un grupo de música, etcétera. Y si uno tiene la cabeza de obedecer a la autoridad porque es "el que manda" y punto, puede llegar a cometer muchos errores.

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Lo que uno como padre o madre debería lograr es educar en la obediencia "inteligente", es decir, una obediencia con pienso. En primer lugar el niño debería aprender a ser obediente a sí mismo. Para lo cual, lo que el padre o madre tienen que buscar es ponerle adentro no solo las reglas sino el porqué de las reglas, los criterios morales y humanos que las subyacen. No se trata de construir el postulado: "No le pego a mi compañero porque sino la maestra me echa de la clase", se trata de que el niño comprenda: "No le pego a mi compañero, porque no tengo que dañar a nadie".

Si esta persona en desarrollo, entiende el fundamento de lo que hace o no hace, de lo que debe hacer y lo que no debe hacer, podrá actuar el resto de la vida sin necesidad de tener un "policía" atrás para que lo cuide o le diga qué hacer. Respetará las luces rojas aunque no esté el inspector, no tirará papeles en el piso simplemente porque sabe que no es bueno ni para la convivencia con sus pares, ni para el medio ambiente. Las reglas están interiorizadas. Esta persona será más autónoma y más libre. Cuando uno sigue y cumple sus criterios interiores se siente satisfecho, cuando no los cumple se empieza a sentir mal consigo mismo.

Entonces, ojo cuando un niño es puramente obediente. Si no entendió porqué tiene que ajustarse a determinada regla que se le impone, quizás no sirve de nada aplicarla. Se debería buscar otro camino, donde el niño pueda comprender y asimilar.

Hay un aspecto de la rebeldía o de la desobediencia que es bueno, que implica ser fiel a los criterios internos de la persona. Cada uno debe dar primero cuentas a sí mismo y a su conciencia. No es sano hacer lo que me dice otro solamente porque es la autoridad.

Hay que preocuparse más con un niño que es obediente el 100% de las veces que por el niño que dos por tres piensa distinto y actúa distinto a lo que se le indica.


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